El presidente Donald Trump ha proclamado la 'Doctrina Donroe', una reinterpretación contemporánea y más agresiva de la Doctrina Monroe de 1823. Esta nueva política exterior, formalizada en la Estrategia de Seguridad Nacional, sitúa al hemisferio occidental como el centro de los intereses de Estados Unidos y justifica la intervención directa para protegerlos, especialmente en lo que respecta a recursos estratégicos y la contención de potencias rivales. Tras la operación militar en Venezuela, Trump declaró: “Ahora la llaman la ‘Doctrina Donroe’”, un término popularizado por el New York Post. A diferencia de su predecesora, que buscaba evitar la interferencia europea en América, la Doctrina Donroe impulsa el derecho de Estados Unidos a intervenir militarmente si considera que sus intereses están amenazados, priorizando el control de activos estratégicos como el petróleo sobre la promoción de la democracia. El asesor de Trump, Stephen Miller, encapsuló esta visión al afirmar en CNN: “vivimos en un mundo... que es gobernado por el poder.
Estas son las leyes de hierro del mundo”.
La nueva doctrina busca limitar la influencia de China y Rusia en la región, a quienes la Estrategia de Seguridad Nacional identifica como “competidores externos”. La intervención en Venezuela, ocurrida un día después de una reunión de alto nivel entre Maduro y funcionarios chinos, es vista como una demostración de fuerza para cortar el acceso de Pekín a recursos clave. Analistas como el historiador Alan McPherson señalan que esta política será “muy impopular en América Latina”, ya que atenta contra el principio de soberanía nacional.
La 'Doctrina Donroe' marca un retorno a la lógica de la Guerra Fría, con un orden mundial basado en la fuerza y el control geopolítico, por encima de las normas y organismos multilaterales.
En resumenDonald Trump ha introducido la 'Doctrina Donroe', una versión actualizada de la Doctrina Monroe que justifica la intervención de EE. UU. en el hemisferio occidental para proteger sus intereses y limitar la influencia de China y Rusia. Esta política, que prioriza el control de recursos sobre la democracia, fue ejemplificada con la operación en Venezuela y representa un retorno a una geopolítica basada en el poder.