En América Latina, la reacción fue igualmente polarizada.

Gobiernos como los de México, Brasil, Chile y Colombia emitieron un comunicado conjunto rechazando las acciones militares y cualquier “apropiación externa de recursos naturales”.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, calificó la detención como un “secuestro”. En contraste, el presidente argentino, Javier Milei, celebró la caída del “dictador narcoterrorista”, y otros gobiernos como los de Ecuador y Paraguay respaldaron la acción. Mientras tanto, en ciudades como Miami, Madrid y Buenos Aires, la diáspora venezolana celebró con euforia, mientras que grupos de izquierda protestaron frente a embajadas estadounidenses denunciando el “imperialismo”.