Esta medida busca, según la Casa Blanca, asegurar los intereses energéticos estadounidenses y utilizar los ingresos para beneficiar a ambos países, aunque ha sido ampliamente criticada como una afrenta a la soberanía venezolana.

Trump anunció que las “autoridades interinas de Venezuela” entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, cuyo valor podría alcanzar los 2.8 mil millones de dólares. Afirmó que el dinero de la venta sería “controlado por mí, como presidente de los Estados Unidos”, para asegurar su uso correcto.

Además, en un giro comercial sin precedentes, Trump sostuvo que Venezuela se comprometerá a comprar “únicamente productos fabricados en Estados Unidos” con dichos ingresos, incluyendo bienes agrícolas, medicinas y equipos para la red eléctrica.

El secretario de Energía, Chris Wright, reforzó esta postura al declarar que Washington controlará las ventas de petróleo venezolano “indefinidamente”.

Por su parte, la petrolera estatal PDVSA confirmó que avanza en negociaciones con EE.UU. para la venta de crudo, enmarcando el diálogo en términos “estrictamente comerciales” y bajo esquemas similares a los que mantiene con socios como Chevron. Sin embargo, la Casa Blanca ha sido explícita en su intención de ejercer “máxima influencia” sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez, exigiendo “acceso total” a los recursos naturales del país para que empresas estadounidenses, como ExxonMobil y ConocoPhillips, puedan invertir en la reconstrucción de la infraestructura petrolera, un proyecto que Trump estima podría tomar 18 meses.