Trump argumentó que la economía cubana, que dependía en gran medida del petróleo venezolano, se encuentra en una situación insostenible.
“No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos”, aseguró el mandatario, sugiriendo que la caída del gobierno de Miguel Díaz-Canel es inminente. Estas afirmaciones fueron rechazadas por el canciller cubano, Bruno Rodríguez, quien acusó a Trump de repetir una “agenda de mentiras” y de ignorar el impacto de la “política criminal de asfixia y guerra económica” de Estados Unidos contra la isla. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano y una de las figuras más críticas del castrismo, se mostró más cauto pero igualmente firme, declarando que el gobierno de la isla es un “gran problema” y que no es “ningún secreto que no somos precisamente admiradores del régimen cubano”. La preocupación por una posible acción militar no se limita a la retórica presidencial. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, expresó su decepción tras una reunión con altos funcionarios de la administración, donde no recibió garantías de que no se estuvieran planeando operaciones en Cuba y Colombia, lo que sugiere que la opción militar sigue siendo una posibilidad contemplada en Washington.








