Esta nueva política exterior subraya el dominio de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental y justifica acciones unilaterales para proteger sus intereses, marcando un retorno a una era de intervencionismo explícito.

“La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces. Ahora la llaman la ‘Doctrina Donroe’”, declaró Trump a periodistas. Este enfoque se alinea con la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre, que busca “restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”. La captura de Nicolás Maduro es vista como la primera demostración práctica de esta doctrina, que prioriza la fuerza y los intereses económicos, particularmente el control de recursos estratégicos como el petróleo, por encima del derecho internacional. Asesores como Stephen Miller han defendido esta visión, afirmando que el mundo “se rige por la fuerza, que se rige por el poder”. El Departamento de Estado reforzó este mensaje con una publicación que decía: “Este es NUESTRO hemisferio, y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad sea amenazada”. Analistas señalan que esta política, que abandona los eufemismos diplomáticos, envía un mensaje contundente a la región y a potencias rivales como China y Rusia, buscando limitar su influencia en lo que Washington considera su “patio trasero”.

La “Doctrina Donroe” representa un cambio de paradigma donde la soberanía de otras naciones se vuelve condicional a los intereses de seguridad y económicos de Estados Unidos.