La reunión se celebró a casi cuatro años del inicio de la invasión rusa, en un contexto de incertidumbre geopolítica acentuada por las acciones de la administración Trump en Venezuela y sus amenazas sobre Groenlandia. A pesar de las tensiones transatlánticas, la declaración conjunta firmada por una treintena de líderes establece por primera vez una “convergencia operativa” entre la coalición, Ucrania y Estados Unidos. El plan incluye “mecanismos de vigilancia” del alto al fuego bajo liderazgo estadounidense y dispositivos de “solidaridad y de intervención” en caso de una nueva agresión rusa. El enviado de EE.UU., Steve Witkoff, confirmó que la mayoría de las garantías ya están acordadas. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, destacó los “compromisos concretos” de la coalición, aunque admitió que temas sensibles como las concesiones territoriales exigidas por Moscú siguen abiertos. Mientras tanto, el presidente Trump ha presionado a Ucrania para que ceda territorio a Rusia, una postura que Zelenski ha rechazado firmemente, argumentando que la ley y la moral se lo impiden. La cumbre busca alinear las posiciones europeas y estadounidenses para presionar a Rusia hacia una negociación de paz, aunque la implementación y el alcance de la fuerza multinacional aún permanecen difusos.