Su justificación fue interpretada por muchos como una doble moral, especialmente porque una parte importante de su base de seguidores pertenece a la comunidad LGBTQ+. La polémica no solo se centró en el lenguaje discriminatorio, sino que también abrió la puerta a que otras personas, como un artista drag, la acusaran de no haberles pagado por colaboraciones pasadas, intensificando la “funa” en su contra. Este episodio ha generado un profundo debate sobre la responsabilidad de las figuras públicas en el uso del lenguaje y el impacto de sus palabras en comunidades vulnerables.