Stellantis ha anunciado una inversión masiva de 13 mil millones de dólares para expandir su producción en Estados Unidos, una decisión que incluye el traslado de la fabricación del Jeep Compass desde Canadá. Este movimiento estratégico responde a las presiones arancelarias y políticas proteccionistas, y reconfigura la cadena de suministro automotriz en Norteamérica. El plan de la matriz de marcas como Jeep, Chrysler y Dodge contempla un aumento del 50% en su producción estadounidense durante los próximos cuatro años, con la creación de más de 5,000 empleos en plantas de Illinois, Ohio, Michigan e Indiana. La inversión, descrita como la más grande en la historia de la compañía en EE. UU., incluye la reapertura de la planta de Belvidere, Illinois, con 600 millones de dólares, donde se ensamblará el Jeep Compass a partir de 2027.
Originalmente, este modelo iba a fabricarse en Brampton, Canadá.
La decisión ha generado una fuerte reacción del sindicato canadiense Unifor, cuya presidenta, Lana Payne, calificó la acción como un sacrificio del sector canadiense “en el altar de Trump” y alertó sobre la posible pérdida de 3,000 empleos. El primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró que la decisión es una “consecuencia directa” de los aranceles estadounidenses. Este movimiento de Stellantis refleja cómo las políticas comerciales de Estados Unidos están influyendo directamente en las decisiones de inversión de los grandes fabricantes, generando tensiones laborales y comerciales en la región del T-MEC.
En resumenLa histórica inversión de 13 mil millones de dólares de Stellantis en Estados Unidos, que implica trasladar la producción del Jeep Compass desde Canadá, evidencia el impacto de las políticas arancelarias de EE. UU. en la industria automotriz norteamericana. La medida, que ha provocado la protesta de sindicatos canadienses por la pérdida de empleos, reconfigura la producción regional y subraya la creciente prioridad de la manufactura en territorio estadounidense.