La compra, que recibió todas las autorizaciones regulatorias necesarias, implica la salida de Versace del grupo estadounidense Capri Holdings, que la había adquirido en 2018 por 2,000 millones de dólares pero no logró el crecimiento esperado. Bajo la nueva estructura, Lorenzo Bertelli, heredero del Grupo Prada e hijo de Miuccia Prada y Patrizio Bertelli, asumirá el cargo de presidente ejecutivo de Versace. Bertelli ha señalado que la marca tiene un “significativo potencial de crecimiento no explotado” y que la prioridad es su relanzamiento. La estrategia de Prada incluye la integración de Versace en su robusta cadena de manufactura italiana, modernizar sus tiendas e impulsar nuevas líneas de producto, con un enfoque especial en accesorios. El CEO de Prada, Andrea Guerra, describió a Versace como una marca “increíblemente complementaria” por su estética audaz y maximalista, que contrasta con el estilo de Prada y Miu Miu. La operación ha sido respaldada por Donatella Versace, quien celebró el acuerdo como una oportunidad para que la marca se una a la “familia Prada”.

Con esta adquisición, se espera que Versace represente el 13% de los ingresos proforma del Grupo Prada, que en 2024 reportó un aumento del 17% en sus ingresos, alcanzando los 5,400 millones de euros.