Esta batalla corporativa no solo redefine el mercado del streaming, sino que ha escalado a los ámbitos político y regulatorio.

La disputa comenzó cuando Netflix anunció un acuerdo por 83 mil millones de dólares para adquirir los estudios de cine y televisión de Warner Bros. Discovery, así como su servicio de streaming HBO Max y la marca HBO. La operación, aprobada por los consejos de ambas compañías, permitiría a Netflix expandirse a negocios donde no tenía presencia, como los estrenos en cines y la licencia de contenidos a terceros. Sin embargo, tres días después, Paramount Skydance lanzó una Oferta Pública de Adquisición (OPA) hostil por 108.4 mil millones de dólares para comprar la totalidad de Warner Bros. Discovery, incluyendo canales de cable como CNN. David Ellison, CEO de Paramount, calificó la oferta de Netflix como “inferior” y advirtió sobre un “proceso regulatorio prolongado e incierto”. La propuesta de Paramount cuenta con el respaldo financiero de fondos soberanos de Oriente Medio y de Affinity Partners, firma de Jared Kushner, yerno de Donald Trump.

Esto ha añadido una dimensión política, con el presidente Trump expresando interés en la revisión del acuerdo y demócratas mostrando preocupación por la influencia extranjera.

En respuesta, los co-CEOs de Netflix, Ted Sarandos y Greg Peters, defendieron su acuerdo como “proconsumidor, procreador, proempleo” y descartaron recortes de personal, afirmando: “No estamos recortando empleos. Estamos creando empleos”.

El acuerdo incluye cláusulas de penalización: si Warner acepta una oferta superior, deberá pagar 2,800 millones de dólares a Netflix; si Netflix no obtiene la aprobación regulatoria, pagará 5,800 millones a Warner.