Esta cancelación dejó a iRobot en una posición financiera precaria.

Además, la empresa enfrentó una competencia intensa por parte de fabricantes asiáticos, especialmente marcas chinas como Roborock, Dreame y Xiaomi, que ofrecían productos similares a precios considerablemente más bajos, erosionando la cuota de mercado de Roomba. Otro golpe importante fueron los aranceles del 46% impuestos por la administración Trump a las importaciones desde Vietnam, donde iRobot fabricaba sus aspiradoras para el mercado norteamericano, lo que incrementó sus costos operativos en 23 millones de dólares solo en 2025. Bajo el plan de quiebra, Picea Robotics adquirirá el 100% del capital de la compañía y cancelará su deuda pendiente. iRobot ha asegurado a sus clientes que sus productos seguirán funcionando con normalidad, manteniendo las garantías, actualizaciones de software y soporte técnico bajo la nueva estructura de propiedad.