Esta alianza estratégica, concebida como una "fusión entre iguales", busca consolidar su dominio en el mercado nacional, pero ha encendido las alertas entre reguladores y especialistas por su potencial impacto en la competencia y las tarifas para los consumidores. El acuerdo, aprobado por unanimidad por los consejos de administración de ambas compañías, establece que cada grupo de accionistas poseerá el 50% de la nueva entidad, la cual continuará cotizando en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y en el New York Stock Exchange (NYSE). Aunque ambas aerolíneas mantendrán sus marcas, certificados de operación y equipos directivos de forma independiente, la operación conjunta les permitiría controlar aproximadamente el 70% del mercado aéreo mexicano, con una red combinada de 86 destinos, 324 rutas y más de 900 vuelos diarios. El objetivo declarado es generar economías de escala, mejorar el acceso a financiamiento y fortalecer su poder de negociación en la compra de aeronaves y combustible, prometiendo mantener su modelo de tarifas bajas. La noticia fue recibida con euforia en el mercado bursátil, donde las acciones de Volaris se dispararon hasta un 20%. Sin embargo, la operación, que se espera concluya en 2026, enfrenta un riguroso escrutinio. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que la alianza será revisada por la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA), calificándola como una "prueba de fuego" para el nuevo organismo. Especialistas como Juan Carlos Machorro y Rodrigo Pérez Alonso advierten que la concentración podría eliminar la competencia en el segmento de bajo costo, donde son los dos únicos jugadores principales tras la salida de Interjet, y darles el control total en rutas específicas, lo que podría traducirse en un aumento de precios para los pasajeros.