Esta integración societaria, descrita como una “alianza especial” por la presidenta Claudia Sheinbaum, busca potenciar la escala financiera y operativa de ambas compañías, aunque mantendrán sus marcas y operaciones de forma independiente. La transacción, que se espera cerrar en 2026, está sujeta a la aprobación de las autoridades regulatorias.

La estructura del acuerdo contempla una fusión entre iguales, donde los accionistas de cada aerolínea poseerán el 50% del nuevo grupo, cuyas acciones seguirán cotizando en los mercados bursátiles. El objetivo principal es generar economías de escala, fortaleciendo su poder de negociación para la compra de aviones, refacciones y combustible, además de mejorar el acceso a capital y financiamientos más económicos. La presidenta Sheinbaum respaldó la iniciativa, calificándola como “una inversión muy importante para ampliar la capacidad de las aerolíneas mexicanas en nuestro mercado y principalmente hacia Estados Unidos”. Sin embargo, la alianza ha generado preocupación entre especialistas por la posible concentración del mercado.

Juntas, Volaris y Viva Aerobus controlarían cerca del 70% del mercado aéreo nacional, y en algunas rutas específicas como Tijuana-Culiacán, su dominio sería total.

Expertos como Rodrigo Pérez Alonso y Carlos Torres advierten que la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) enfrentará una “prueba de fuego” al analizar la operación, ya que deberá equilibrar los beneficios de la economía de escala con los riesgos de prácticas monopólicas que podrían encarecer los boletos para los consumidores. La revisión de la CNA será crucial, especialmente en un contexto de renegociación del T-MEC y la próxima Copa del Mundo de 2026.