Este relevo en el liderazgo se atribuye a múltiples factores.

Por un lado, Tesla enfrentó una desaceleración en la demanda, afectada por la eliminación del crédito fiscal de 7,500 dólares en Estados Unidos, una mayor competencia de marcas tradicionales en Europa y Norteamérica, y el desgaste de la imagen pública de su CEO, Elon Musk. Por otro lado, el éxito de BYD se basa en una estrategia de integración vertical, ya que fabrica sus propias baterías y semiconductores, lo que le permite ofrecer una amplia gama de modelos a precios más accesibles. Su expansión internacional ha sido clave, con ventas fuera de China que alcanzaron un millón de unidades en 2025, un crecimiento del 150% anual. Mientras Tesla desvía su narrativa hacia proyectos futuros como robotaxis e inteligencia artificial, BYD se ha enfocado en dominar el mercado masivo, consolidando el ascenso de China como la principal potencia en la industria automotriz global.