La marcha conmemorativa por el 57 aniversario de la masacre estudiantil de Tlatelolco en la Ciudad de México se vio empañada por actos de violencia y vandalismo atribuidos a grupos de encapuchados, conocidos como "bloque negro". La movilización, que congregó a estudiantes, colectivos y organizaciones civiles, transitó desde la Plaza de las Tres Culturas hasta el Zócalo capitalino en medio de un fuerte dispositivo de seguridad. A 57 años de la matanza de 1968, el Comité 68 encabezó una vez más la marcha bajo la consigna histórica "¡2 de octubre no se olvida!". A las demandas tradicionales por justicia en los casos de 1968, el "Halconazo" de 1971 y la "guerra sucia", este año se sumó una enérgica defensa de Palestina con mantas que leían: "El silencio ante los genocidios es complicidad". A la movilización se unieron contingentes de la UNAM, IPN, UAM, madres buscadoras y normalistas de Ayotzinapa. Sin embargo, la protesta pacífica fue interrumpida por la irrupción del "bloque negro".
Durante el trayecto por el Eje Central y al llegar al Zócalo, estos grupos realizaron pintas, destrozaron comercios con martillos, saquearon tiendas de conveniencia y se enfrentaron directamente con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). Los actos violentos escalaron con el lanzamiento de cohetones y bombas molotov contra los policías, resultando en varios agentes heridos.
Desde el templete principal, el líder histórico Félix Hernández Gamundi hizo reiterados llamados a no caer en provocaciones.
"Aquí no hay pánico, aquí hay voluntad de lucha, aquí hay voluntad de justicia", exclamó mientras en las orillas de la plancha del Zócalo los encapuchados prendían fuego a maderas y rompían el suelo para lanzar pedazos a los uniformados. Estos incidentes opacaron el mitin central y desviaron la atención de las demandas de justicia que motivaron la convocatoria.
En resumenLa conmemoración del 2 de octubre evidenció una vez más la dualidad de la protesta en México: por un lado, una movilización legítima que exige memoria y justicia por crímenes de Estado; por otro, la irrupción de grupos violentos que, con destrozos y enfrentamientos, desvirtúan el propósito original de la marcha y generan un clima de tensión.