Una nueva caravana de migrantes, integrada principalmente por personas de origen cubano, partió desde Tapachula, Chiapas, evidenciando la persistencia de la crisis humanitaria en la frontera sur de México. La falta de una política migratoria clara y humanitaria por parte de las autoridades ha convertido a la ciudad en un cuello de botella donde miles de personas permanecen varadas. La madrugada de este miércoles, una nueva oleada de migrantes inició su tránsito hacia el norte desde el parque “Bicentenario” de Tapachula, con el objetivo de llegar a la frontera con Estados Unidos.
A diferencia de otros movimientos, en esta ocasión no se detectó un líder visible.
Durante su recorrido por la carretera federal, fueron acompañados por un operativo de la Guardia Estatal Preventiva y la Guardia Nacional, supuestamente para proteger su integridad. Sin embargo, este acompañamiento contrasta con la falta de soluciones de fondo. Los migrantes señalan que en la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y en el Instituto Nacional de Migración (INM) persisten actos de corrupción, como la presunta venta de documentos, lo que los empuja a salir en grupo. La caravana alcanzó el municipio de Huixtla, donde planean pernoctar antes de continuar su marcha. Estas caravanas reflejan no solo la desesperación de quienes huyen de la violencia y la pobreza, sino también la omisión del gobierno mexicano, que ha dejado a ciudades fronterizas como Tapachula con una enorme carga social, económica y de seguridad que rebasa sus capacidades.
En resumenLa formación de nuevas caravanas migrantes en el sur de México subraya el fracaso de las políticas de contención y la urgente necesidad de una estrategia humanitaria integral. Mientras las autoridades ofrecen un acompañamiento superficial, miles de personas continúan su peligroso viaje hacia el norte, impulsadas por la desesperación y la falta de respuestas institucionales.