La violencia criminal escaló durante el fin de semana en diversas regiones de México, con dos eventos de alto impacto que dejaron un saldo de varios muertos y heridos en Chihuahua y Sinaloa. Estos ataques, perpetrados en eventos públicos y celebraciones familiares, evidencian la grave crisis de seguridad que persiste en el país. En Parral, Chihuahua, un ataque armado durante una carrera de caballos en el carril hípico Santa Teresa dejó un saldo confirmado de siete personas muertas y cuatro heridas en estado crítico. Según los primeros reportes, un grupo de sujetos armados irrumpió en el lugar y abrió fuego directamente contra los asistentes. Las autoridades indicaron que uno de los fallecidos era un objetivo criminal presuntamente responsable de otra masacre. El suceso provocó una fuerte movilización de las fuerzas de seguridad y el cierre de carreteras en la zona de Jiménez debido a reportes de otros enfrentamientos. Por otro lado, en la sindicatura de Villa Juárez, en Navolato, Sinaloa, una fiesta de XV años se convirtió en una escena de terror cuando un artefacto explosivo, presuntamente lanzado desde un dron, detonó en el salón de eventos. La explosión dejó alrededor de diez personas lesionadas por esquirlas, quienes fueron trasladadas a hospitales en vehículos particulares antes de la llegada de las autoridades.
La Fiscalía General del Estado desplegó peritos para investigar el tipo de artefacto utilizado y el móvil del ataque, que generó pánico entre los asistentes.
Estos hechos se suman a otros operativos de seguridad en Sinaloa, donde fuerzas federales liberaron a 20 personas secuestradas en Culiacán y detuvieron a presuntos miembros de facciones del Cártel de Sinaloa.
En resumenAtaques armados en eventos sociales en Chihuahua y Sinaloa dejaron un saldo trágico de muertos y heridos, demostrando la capacidad de los grupos criminales para sembrar el terror en espacios públicos y privados. Estos incidentes subrayan la urgencia de atender la crisis de violencia que afecta a múltiples estados del país.