Esta realidad, cuatro décadas después de los primeros casos, refleja que la prevención no ha alcanzado a toda la población. La respuesta científica ofrece nuevas herramientas, como el Cabotegravir, un inyectable aprobado por Cofepris que se aplica cada dos meses y ha demostrado una efectividad de hasta el 100% en la prevención. Sin embargo, el acceso a estas innovaciones y a tratamientos como la PrEP y la PEP sigue siendo un reto, especialmente por el desabasto en algunas regiones.
Activistas y expertos señalan que el estigma es una de las principales amenazas. Rafael Polanco, de GSK México, afirmó que “es increíble, pero aún hay personas que conocen el concepto de indetectable es igual a intransmisible y aun así no creen en él”. Esta falta de confianza y la carencia de empatía en los servicios de salud obstaculizan la atención integral. En paralelo, iniciativas culturales como la exposición en el Museo Franz Mayer buscan confrontar los prejuicios históricos mediante el arte, utilizando obras que reinterpretan gestos íntimos y promueven un mensaje de diversidad y erradicación de la xenofobia. La lucha contra el VIH en México es multifacética, combinando memoria histórica del activismo, avances científicos y expresiones culturales para combatir una epidemia que sigue vigente.













