Esta decisión ha generado críticas bipartidistas en EE.

UU., con senadores cuestionando la coherencia de liberar a un narcotraficante convicto mientras se intensifica la retórica contra el tráfico de drogas.

Paralelamente, Trump ha endurecido su discurso, advirtiendo que los ataques terrestres en Venezuela comenzarán "muy pronto" y que "cualquiera que esté haciendo eso y vendiéndolo en nuestro país está sujeto a ser atacado".

Mencionó específicamente a Colombia, lo que provocó una fuerte reacción del presidente Gustavo Petro, quien le pidió no amenazar la soberanía de su país para no "declarar la guerra" y lo invitó a Colombia para mostrarle cómo se destruyen laboratorios de cocaína "sin misiles".

Estas acciones se enmarcan en un despliegue militar estadounidense en el Caribe, que según Washington busca combatir el narcotráfico, pero que el presidente venezolano Nicolás Maduro considera un pretexto para su derrocamiento.