Aunque no especificó la ubicación, sus declaraciones han sido interpretadas como una posible referencia a Venezuela, generando una enérgica respuesta del gobierno de dicho país. En declaraciones recientes, Trump fue contundente al señalar: "Estamos empezando por tierra", y añadió que dichas operaciones "no tienen que ser necesariamente en Venezuela", manteniendo una ambigüedad que ha incrementado la incertidumbre en la región. Esta retórica se enmarca en una campaña militar más amplia que Washington justifica como necesaria para combatir el flujo de drogas hacia Estados Unidos.

La reacción de Venezuela no se hizo esperar. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, denunció que la intención de Estados Unidos es "robarse y apropiarse de los recursos naturales del hemisferio" y aseguró que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) está dispuesta a defender su soberanía. "Nosotros no nos vamos a rendir", advirtió Padrino, calificando las intenciones estadounidenses como un intento de dominar políticamente a los estados de la región y cerrar el Caribe a sus intereses. Las declaraciones de Trump representan una escalada verbal que podría tener serias implicaciones para la estabilidad de América Latina, reviviendo el espectro de intervenciones militares estadounidenses en la región y colocando a las relaciones diplomáticas en un punto crítico.