Este evento sugiere una posible transferencia de conocimiento y una peligrosa evolución en la violencia de los cárteles mexicanos. Según Miguel Tujano, coronel retirado de la Policía Nacional de Colombia y experto en conflicto armado, el modus operandi observado en Michoacán es "muy similar a lo que se ha visto en Colombia desde hace más de cuatro décadas". El especialista traza un paralelismo directo con las tácticas de narcoterrorismo perfeccionadas por el Cártel de Medellín de Pablo Escobar en los años ochenta, que utilizaba vehículos cargados de explosivos para atacar a las fuerzas del estado y sembrar el terror. Tujano presume que existe una "transferencia de conocimiento" donde exguerrilleros, paramilitares o miembros desmovilizados de grupos armados colombianos podrían estar asesorando a los cárteles mexicanos.

La colaboración entre organizaciones criminales de ambos países no es nueva, y este apoyo técnico podría pagarse con armas, dinero o droga.

El objetivo de estos ataques es multifacético: presionar al gobierno, obstaculizar operativos de seguridad, eliminar objetivos clave y reafirmar el control territorial.

El atentado en Coahuayana, por tanto, no sería una acción improvisada, sino un movimiento calculado que demuestra una escalada en las capacidades y la brutalidad de los grupos delictivos que operan en México.