Las autoridades australianas calificaron el suceso como un acto "terrorista" y "antisemita". El primer ministro, Anthony Albanese, declaró que fue "un ataque dirigido contra los judíos australianos" y un "acto de maldad que ha golpeado el corazón de nuestra nación". Los responsables del tiroteo fueron identificados como un padre de 50 años y su hijo de 24.
El padre murió en el lugar, mientras que el hijo fue detenido y se encuentra hospitalizado en estado crítico.
La policía encontró "artefactos explosivos improvisados" en un vehículo vinculado a los atacantes.
En medio del caos, la acción de un civil, identificado como Ahmed al Ahmed, de 43 años, fue calificada de heroica. Al Ahmed, un vendedor de fruta, se abalanzó sobre uno de los tiradores, logró desarmarlo y, según las autoridades, evitó una masacre mayor.
Resultó herido de bala y fue hospitalizado.
El ataque ha generado una condena internacional generalizada.
Líderes mundiales, incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el gobierno de México, expresaron su repudio.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, criticó a Australia por haber reconocido al Estado palestino, afirmando que no hizo lo suficiente para frenar el antisemitismo.













