La tradición del reencuentro familiar se ha roto por el miedo a quedar atrapado en un enfrentamiento o a no poder regresar. “Esta vez no se pudo”, resume una persona afectada, mientras otra añade con resignación: “Los grupos criminales se robaron la Navidad”.

Quienes lograron salir de estas zonas en las últimas semanas lo hicieron de forma apresurada, dejando atrás sus pertenencias e incluso pidiendo a sus vecinos que usaran su ganado para alimentarse si escaseaban los productos. En lugar de la música y las posadas, en estos pueblos reina el silencio y la cautela. La situación se agrava con la percepción de una menor presencia de fuerzas federales en ciudades como Culiacán, donde se ha observado un repliegue de elementos del Ejército, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad entre la población.