El conflicto se intensificó cuando Trump declaró que Venezuela les quitó “ilegalmente” los derechos petroleros a empresas estadounidenses y afirmó: “Lo queremos de vuelta”. Esta retórica se materializó con la orden de un “bloqueo total y completo” a los petroleros sancionados que entren o salgan del país sudamericano, sumado a una creciente presencia militar en el Caribe que ha provocado incidentes como dos casi colisiones entre aeronaves militares de EE.UU. y aviones de pasajeros.

La reacción internacional no se hizo esperar: Rusia y China expresaron su respaldo al gobierno de Nicolás Maduro, y Moscú advirtió a Washington no cometer un “error fatal”.

Por su parte, Maduro calificó las acciones de EE.UU. como una “pretensión guerrerista y colonialista”.

En este contexto, la presidenta Sheinbaum afirmó que México “no está de acuerdo con intervenciones” y está “a favor de la solución pacífica de los conflictos”.

Ofreció al país como un “punto de negociación” si las partes lo consideran y llamó a la ONU a asumir su papel para evitar un conflicto armado.

La postura fue saludada por Caracas, mientras que legisladores republicanos en EE.UU. criticaron el apoyo de México a lo que califican como “dictaduras”.