“Es muy difícil distinguir entre un videojuego que tiene violencia y uno que no.

¿Cómo le vas a poner un impuesto?

¿Quién va a determinar esa circunstancia?”, cuestionó Sheinbaum.

La falta de un criterio claro y uniforme para clasificar qué títulos deberían ser considerados “violentos” a nivel fiscal dificultaría enormemente su fiscalización y cobro.

En lugar de la medida impositiva, el gobierno federal optará por fortalecer las campañas de concientización dirigidas a jóvenes y adolescentes. Estas iniciativas buscarán informar sobre los posibles efectos del uso de videojuegos con contenido violento y promover conductas de convivencia pacífica.

Esta estrategia se enmarca en un plan más amplio “por la paz y contra las adicciones”, en coordinación con las secretarías de Salud, Educación y Cultura. La presidenta reconoció que el consumo de videojuegos es un fenómeno “nuevo” que requiere análisis, pero que la solución no radica en un impuesto de difícil aplicación, sino en la prevención y la información.