La influencia económica de China en América Latina se ha consolidado significativamente, posicionándose como el principal socio comercial de países como Brasil y Argentina, mientras desarrolla proyectos de infraestructura clave como el puerto de Chancay en Perú. Esta expansión, sin embargo, ha reavivado las fricciones geopolíticas con Estados Unidos, que ve el avance de Pekín en la región como una "amenaza estratégica". Durante la última década, la inversión directa china en Latinoamérica ha crecido exponencialmente, alcanzando los 14,710 millones de dólares en 2024, según cifras oficiales. Proyectos que van desde fábricas de vehículos en México y Brasil hasta la explotación de litio en Argentina, Bolivia y Chile, son testimonio de esta creciente presencia. Recientemente, Pekín publicó una nueva hoja de ruta para la región, identificando oportunidades en sectores como inteligencia artificial, energías renovables y minería, bajo el paraguas de su iniciativa de las Nuevas Rutas de la Seda.
A nivel comercial, Latinoamérica se ha convertido en un mercado alternativo crucial para China ante la guerra arancelaria con Estados Unidos.
Mientras las exportaciones chinas a EE.
UU. cayeron un 18% hasta noviembre, las destinadas a la región aumentaron casi un 8%, con un protagonismo de bienes manufacturados y vehículos eléctricos.
No obstante, analistas como William Jackson de Capital Economics advierten que no se debe "exagerar el papel de China", ya que la región aún exporta tres veces más a Estados Unidos, en gran parte debido a México.
Washington podría presionar a sus socios más cercanos para limitar las inversiones y las importaciones chinas, convirtiendo a Latinoamérica en un escenario de renovada competencia entre las dos superpotencias.
En resumenChina ha fortalecido su rol como socio comercial e inversor clave en América Latina, con proyectos estratégicos en infraestructura y recursos naturales. Este avance ha generado nuevas tensionas con Estados Unidos, que ve la expansión china como un desafío geopolítico, aunque la dependencia comercial de la región con EE. UU. sigue siendo mayor.