El tipo de cambio cerró el año en 18.008 pesos por dólar, una ganancia de 13.8% en comparación con los 20.8829 pesos con los que finalizó 2024.
Analistas como Gabriela Siller, de Banco Base, han calificado este avance como la mayor apreciación del peso en la era de la libre flotación. Sin embargo, los expertos coinciden en que este fortalecimiento no se debe a una fortaleza intrínseca de la divisa mexicana, sino a una combinación de factores globales. El principal motor ha sido la debilidad generalizada del dólar, que sufrió su mayor caída anual desde 2017 ante la expectativa de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. A esto se sumaron las operaciones de 'carry trade', donde los inversionistas aprovechan el amplio diferencial entre la tasa de interés de México y las de economías avanzadas como Estados Unidos y Japón para obtener rendimientos.
Este comportamiento consolida al peso como la segunda divisa emergente más líquida del mundo, solo detrás del yuan chino.
A pesar de los beneficios para la contención de la inflación y para los importadores, esta fuerte apreciación tiene efectos adversos para los exportadores, que pierden competitividad, y para las familias que reciben remesas, cuyo poder adquisitivo disminuye al convertir los dólares a pesos.













