En una conferencia de prensa desde Mar-a-Lago, Florida, Trump fue explícito sobre sus intenciones: “Básicamente vamos a dirigir el país”.

Justificó esta medida afirmando que no se puede arriesgar que “alguien que no tenga el bien del pueblo venezolano en mente tome el control”. El mandatario estadounidense hizo especial hincapié en el sector petrolero, que calificó como un “fracaso total” bajo el chavismo.

Acusó a gobiernos venezolanos anteriores de haber “robado nuestro petróleo” y anunció que las grandes empresas de EU invertirán “miles de millones de dólares” para reparar la infraestructura “en muy mal estado”.

“Vamos a dirigir bien el país.

Vamos a ganar mucho dinero”, afirmó Trump, sugiriendo que las compañías privadas pagarían por la reconstrucción.

Estas declaraciones han sido interpretadas como la confirmación de que el interés en las vastas reservas de crudo de Venezuela, las más grandes del mundo, fue un factor clave en la decisión de intervenir. Trump también advirtió que su gobierno actúa “por encima de la doctrina Monroe”, reafirmando el dominio de Estados Unidos en el hemisferio.