En su primera comparecencia ante un tribunal en Manhattan, Maduro se declaró "no culpable" y se autodenominó "prisionero de guerra".

Inmediatamente después de la captura, Trump anunció que Estados Unidos tomaría el control de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano. Afirmó que el crudo sería vendido a precio de mercado y que él personalmente administraría los fondos "en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos". Además, se están llevando a cabo negociaciones entre Caracas y Washington para exportar crudo a refinerías estadounidenses, lo que podría desviar suministros destinados a China y aumentar la producción de PDVSA.

Chevron, la única petrolera estadounidense que opera en Venezuela, ya ha enviado al menos once buques cisterna al país, rompiendo el bloqueo impuesto por Trump en diciembre.

La administración estadounidense planea reunirse con ejecutivos petroleros para discutir cómo revitalizar la infraestructura petrolera del país, un objetivo que según expertos podría requerir una inversión de hasta 100 mil millones de dólares y una década para alcanzar los niveles de producción de los años 90.