Su retorno no solo revitalizó la ofensiva del equipo en un crucial duelo divisional, sino que también demostró su determinación de jugar sin miedo tras superar una lesión que lo marginó desde la Semana 2. Burrow, quien estuvo fuera por un esguince en el dedo pulgar del pie que requirió cirugía, mostró su impacto de inmediato en el partido de Thanksgiving. Finalizó el encuentro con dos pases de anotación, guiando a su equipo a mover el balón de manera efectiva y a capitalizar en zona roja. Esta victoria no solo mejora el récord de los Bengals a 4-8, manteniendo vivas sus escasas esperanzas de playoffs, sino que también complica la lucha por la cima de la AFC Norte para los Ravens.
Previo a su regreso, Burrow abordó las preocupaciones sobre su estado físico, afirmando una mentalidad resiliente. “No voy a vivir mi vida y jugar este deporte con miedo de que pase algo”, declaró, enfatizando su enfoque en la rehabilitación y su compromiso de volver a jugar una vez que se sintiera capaz. Su actuación fue una prueba de ello, mostrando confianza y liderazgo.
La victoria fue un esfuerzo completo, con el receptor Ja’Marr Chase registrando 110 yardas y la defensiva forzando cinco entregas de balón, pero fue el regreso de Burrow el que marcó la diferencia anímica y estratégica para Cincinnati.













