"Sabía que corría un riesgo grande de lesionarme más grave, estoy anestesiado, ya mañana veremos", añadió, mostrando la magnitud de su sacrificio. La situación de Vega era conocida, al punto que el equipo rival estaba al tanto de su posible ausencia, lo que demuestra el impacto de su figura en la liga. La lesión original, una cicatriz de cinco centímetros que se abrió, tenía un pronóstico de recuperación de seis a ocho semanas. Sin embargo, Vega aceleró su regreso y a la cuarta semana decidió reincorporarse al equipo, una elección personal y de alto riesgo.

"Fue mi decisión, son lesiones muy engañosas", explicó, detallando que gracias a la intervención de un fisioterapeuta pudo estar presente en la final.

Este acto no solo fue impulsado por su profesionalismo, sino también por su fortaleza emocional, la cual, según sus palabras, proviene de su familia: "Mi familia es lo más importante... es el soporte más grande que tengo". Con el título en mano, Vega ya tiene la mira puesta en su recuperación total para poder representar a México en el Mundial de 2026, un objetivo que demuestra su ambición y amor por el deporte.