El capitán escarlata no solo arriesgó su físico, sino que además anotó el penalti decisivo que le dio el título a su equipo. El propio jugador confesó la gravedad de su situación tras el partido, evidenciando un compromiso extraordinario.

“Físicamente no estaba muy bien, llevaba un par de semanas sin entrenar con mis compañeros, pero el amor que le tengo al Toluca me ayudó, me infiltré para estar con mis compañeros”, declaró Vega. Explicó que su recuperación fue acelerada en contra de las recomendaciones médicas, que sugerían de seis a ocho semanas de baja, pero a la cuarta semana decidió volver. “Se me abrió la cicatriz cinco centímetros, pensé que no llegaba”, admitió, destacando el riesgo que asumió conscientemente. Este acto de sacrificio fue fundamental para el equipo, no solo por su contribución en la cancha, sino por el liderazgo y la motivación que inspiró en sus compañeros. La imagen de Vega, visiblemente afectado pero decidido a competir, quedará como uno de los momentos más memorables de la historia reciente de las finales de la Liga MX. Su actuación no solo le valió el reconocimiento de la afición, sino que también reforzó su estatus de ídolo y capitán indiscutible del conjunto choricero.