Correa no solo aportó su calidad futbolística, sino también una profunda carga emocional, dedicando sus actuaciones a sus padres fallecidos.

Antes de la final de vuelta, compartió su ritual personal: “Como tengo a mi mamá y a mi papá en el cielo, siempre trato en los partidos importantes decirles que me acompañen, que me den fuerza”. Esta motivación personal se reflejó en su entrega en el campo, convirtiéndose en el referente ofensivo del equipo regiomontano. Su gol en el Estadio Universitario, producto de un pase de Diego Lainez y un error del portero rival, fue un momento clave que mantuvo vivas las esperanzas de Tigres de conseguir su novena estrella. Aunque el equipo finalmente no logró el campeonato, la actuación de Correa en su primer torneo con el club dejó una marca imborrable en la afición, que lo reconoció como el corazón de la ofensiva y un jugador con un temple admirable para los momentos decisivos.