“Físicamente no estaba muy bien, llevaba un par de semanas sin entrenar con mis compañeros, pero el amor que le tengo al Toluca me ayudó, me infiltré para estar con mis compañeros”, declaró el jugador. Añadió que corría un “riesgo grande de lesionarme más grave” y que al momento de la celebración estaba “anestesiado, ya mañana veremos”. Su recuperación, que se estimaba de seis a ocho semanas, se aceleró a solo cuatro por su decisión de estar presente en el momento crucial para su equipo. Del otro lado, la final también tuvo una carga emotiva para Ángel Correa, quien dedicó su actuación a sus padres fallecidos, pidiéndoles que lo acompañaran y le dieran fuerza durante el partido.