Con una inversión pública de 6,000 millones de pesos, la construcción de Coatlicue iniciará en enero de 2026 y se extenderá por 24 meses. El sistema contará con 14,480 unidades de procesamiento gráfico (GPU) y alcanzará una capacidad de 314 petaflops, es decir, 314 mil billones de operaciones por segundo, superando en siete veces la potencia de la supercomputadora más grande de la región, ubicada en Brasil. Su propósito es resolver problemas públicos que requieren alta capacidad de cómputo, como predicciones climatológicas, planeación agrícola, exploración energética y análisis de grandes volúmenes de datos fiscales para prevenir la evasión y la corrupción. El proyecto se desarrollará en colaboración con instituciones nacionales como el IPN y la UNAM, y contará con el acompañamiento técnico del Barcelona Supercomputing Center y el Centro para el Desarrollo de Cómputo Avanzado (C-DAC) de la India. A pesar del entusiasmo oficial, un análisis técnico difundido en redes sociales cuestionó la viabilidad de las cifras, sugiriendo que la potencia declarada no corresponde al número de GPUs anunciadas, o que el presupuesto es insuficiente. Fuentes gubernamentales no oficiales han señalado que las discrepancias podrían deberse a diferentes métricas de rendimiento (FP16 vs.

FP64), pero la controversia subraya la necesidad de mayor transparencia técnica en un proyecto de esta magnitud.