El Gobierno de México ha anunciado la creación de Coatlicue, la que será la supercomputadora más potente de América Latina, un proyecto que busca consolidar la soberanía tecnológica del país. Con una inversión de 6,000 millones de pesos, esta infraestructura representa un paso decisivo para el desarrollo científico y la competitividad nacional en la era de la inteligencia artificial. El proyecto Coatlicue, nombrado en honor a la diosa mexica, contempla una capacidad de 314 PetaFlops, integrando cerca de 15,000 GPUs, lo que equivale a la potencia de 375,000 computadoras convencionales. Su construcción, que iniciará en enero de 2026 y durará 24 meses, es una colaboración entre instituciones como la BUAP, el IPN, la UNAM y el Barcelona Supercomputing Center.
Sus aplicaciones estratégicas incluyen la ciencia climática, salud, agricultura, detección de anomalías fiscales y exploración petrolera.
Sin embargo, el anuncio ha generado un debate entre expertos.
Por un lado, se celebra como un paso crucial para que México deje de rentar poder de cómputo y se posicione como un competidor global. Por otro lado, críticos como la firma de ciberseguridad SILIKN advierten que el proyecto "corre el riesgo de convertirse en un Ferrari estacionado en un pueblo sin carretera", señalando rezagos estructurales en acceso a internet, alfabetización digital y falta de una comunidad científica consolidada para operarla. Luis Areán, ingeniero con experiencia en supercómputo, cuestionó la falta de un protocolo claro para la asignación de recursos y la correspondencia entre las tareas anunciadas, como la minería de datos del SAT, y las capacidades de una máquina de alto rendimiento diseñada para IA y simulación científica.
En resumenLa supercomputadora Coatlicue es un ambicioso proyecto nacional que busca posicionar a México a la vanguardia del cómputo de alto rendimiento en Latinoamérica. Aunque promete impulsar la investigación científica y la soberanía tecnológica, su éxito dependerá de la capacidad del país para resolver desafíos estructurales como la infraestructura digital, la formación de talento y la creación de un marco operativo claro que evite que se convierta en un proyecto aislado y subutilizado.