Sus aplicaciones estratégicas incluyen la ciencia climática, salud, agricultura, detección de anomalías fiscales y exploración petrolera.

Sin embargo, el anuncio ha generado un debate entre expertos.

Por un lado, se celebra como un paso crucial para que México deje de rentar poder de cómputo y se posicione como un competidor global. Por otro lado, críticos como la firma de ciberseguridad SILIKN advierten que el proyecto "corre el riesgo de convertirse en un Ferrari estacionado en un pueblo sin carretera", señalando rezagos estructurales en acceso a internet, alfabetización digital y falta de una comunidad científica consolidada para operarla. Luis Areán, ingeniero con experiencia en supercómputo, cuestionó la falta de un protocolo claro para la asignación de recursos y la correspondencia entre las tareas anunciadas, como la minería de datos del SAT, y las capacidades de una máquina de alto rendimiento diseñada para IA y simulación científica.