Existen dos tipos de sistemas TPMS. El indirecto utiliza los sensores del sistema de frenos ABS o de control de estabilidad para detectar diferencias en la velocidad de giro de las ruedas, lo que indica una llanta desinflada, sin necesidad de sensores adicionales. Por otro lado, el TPMS directo emplea sensores electrónicos individuales instalados en la válvula de cada llanta, proporcionando información más precisa. Para los usuarios de sistemas directos, surge la duda sobre el mantenimiento.

Los sensores pueden conservarse al cambiar las llantas si no se modifican los rines, pero tienen una vida útil de entre 5 y 8 años.

El costo de reemplazo de cada sensor original puede variar entre 1,000 y 3,000 pesos, aunque existen alternativas genéricas más económicas. Tras inflar las llantas a la presión correcta, el sistema generalmente se recalibra de forma automática al conducir o mediante un botón de reinicio en el vehículo.