Este dispositivo es un claro ejemplo de cómo la tecnología wearable está evolucionando de conceptos experimentales a herramientas prácticas integradas en la vida diaria.
El diseño de las Ray-Ban Meta es uno de sus puntos fuertes, ya que se asemeja a unas gafas tradicionales, lo que facilita su adopción social. Sin embargo, en su interior albergan una cámara de 12 megapíxeles capaz de grabar video en 3K Ultra HD, cinco micrófonos para una captura de audio clara, altavoces abiertos y 32 GB de almacenamiento. Su autonomía de hasta ocho horas y la resistencia al agua IPX4 las hacen aptas para el uso diario.
Estas gafas no solo capturan contenido, sino que también integran funciones de inteligencia artificial activables por voz, como la traducción en tiempo real, lo que las convierte en un asistente personal discreto. Su éxito contrasta con el fracaso de proyectos anteriores como las Google Glass, que llegaron en un momento en que la sociedad no estaba preparada para llevar una cámara en el rostro. Hoy, en la era de Instagram y TikTok, la capacidad de grabar y compartir momentos de forma instantánea es una funcionalidad deseada, y las Ray-Ban Meta han sabido capitalizar esta tendencia cultural, ofreciendo un producto que la gente quiere usar.







