Crawford, quien escaló dos divisiones para enfrentar a Álvarez, impuso su velocidad y técnica para dominar el combate y arrebatarle los cuatro cinturones de la categoría: los del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), la Organización Mundial de Boxeo (OMB), la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Esta fue la tercera derrota en la carrera profesional de Álvarez y la primera vez que perdía su condición de campeón indiscutido en las 168 libras, un estatus que había consolidado con victorias sobre Caleb Plant, entre otros. El resultado no solo significó la pérdida de sus títulos, sino que también generó un intenso debate sobre su futuro y su posición entre los mejores peleadores de la actualidad. La superioridad de Crawford fue tal que los análisis posteriores al combate se centraron en la estrategia del estadounidense para neutralizar el poder de Canelo y en las dificultades que el mexicano enfrentó para adaptarse al estilo de su rival. La derrota marcó un punto de inflexión, obligando a Álvarez y a su equipo a reevaluar su trayectoria y los siguientes pasos en un entorno competitivo cada vez más exigente.