El combate, celebrado en Las Vegas, culminó con los jueces favoreciendo a Crawford, quien logró arrebatarle al tapatío los cuatro cinturones de la división (CMB, OMB, AMB y FIB). La derrota fue descrita como "apabullante" en algunos análisis, no solo por el resultado en las tarjetas, sino por el dominio técnico y la velocidad que impuso el estadounidense. La leyenda del boxeo Roberto Durán fue crítico con el desempeño del mexicano, afirmando: “Lo vi mal”. Este revés generó un debate inmediato sobre el futuro de Álvarez, con algunas voces, como la del también boxeador Ryan García, sugiriendo que debería considerar el retiro. La pelea y su desenlace pusieron fin a un importante capítulo en la carrera de Álvarez, quien había consolidado su poder en las 168 libras, y abrieron la puerta a cuestionamientos sobre si su mejor momento ya había pasado. La pérdida de los títulos no solo fue un golpe deportivo, sino que también alteró la dinámica de poder en la élite del boxeo, colocando a Crawford en una posición de ventaja para futuras negociaciones y dejando a "Canelo", por primera vez en años, en el papel de retador.