Este insistente desafío subraya la creciente colisión entre el boxeo tradicional y el lucrativo mundo del entretenimiento digital.
La campaña de Paul para enfrentar a Canelo ha sido una constante en sus declaraciones, calificada por algunos medios como una estrategia de “marketing más que un plan deportivo”. La insistencia alcanzó su punto más álgido tras su combate con Anthony Joshua el 19 de diciembre de 2025. Después de ser noqueado y sufrir una doble fractura de mandíbula que requirió cirugía, Paul publicó en redes sociales un mensaje irónico: “Doble fractura de mandíbula.
Denme a Canelo en 10 días”.
Este tipo de retos busca capitalizar su enorme seguimiento en redes para generar un evento de pago por evento masivo.
Por su parte, Canelo ha mantenido una postura abierta pero cautelosa. En agosto de 2025, antes de su derrota con Crawford, el tapatío declaró que “en su momento quizás” pelearía contra influencers, pero aclaró que no sería por dinero, ya que su fortuna está asegurada. Los artículos sugieren que un posible enfrentamiento podría materializarse en 2027 y generar ganancias superiores a los 100 millones de dólares para cada participante.
Sin embargo, el equipo de Canelo no ha emitido una respuesta formal, y el mundo del boxeo permanece dividido sobre la legitimidad deportiva de un combate de esta naturaleza, contrastando el mérito deportivo con el espectáculo comercial.













