Este ciclo consolida un momento crucial en la carrera del pugilista tapatío.

El año comenzó de manera positiva en mayo, cuando venció al cubano William Scull en Riad, Arabia Saudita, en una pelea que, aunque criticada por su falta de espectáculo, le permitió a Canelo unificar nuevamente la división de peso supermediano al añadir el cetro de la FIB a su colección. Sin embargo, el punto de inflexión llegó el 13 de septiembre en el Allegiant Stadium de Las Vegas. En uno de los combates más lucrativos de la historia, Álvarez se enfrentó a Terence Crawford y sufrió su tercera derrota profesional por decisión unánime, perdiendo así su condición de campeón indiscutido de las 168 libras. A pesar del revés deportivo, la pelea fue un éxito financiero rotundo, con una bolsa estimada para el mexicano de alrededor de 150 millones de dólares. Tras la derrota, en octubre, el equipo de Canelo anunció que el boxeador se sometió a una cirugía en el codo izquierdo en California. El procedimiento fue exitoso, pero el periodo de rehabilitación obligó a cambiar sus planes.

Su entrenador y mánager, Eddy Reynoso, confirmó que su regreso no será en mayo de 2026, sino que se pospondrá hasta septiembre. Reynoso declaró: “Saúl anda descansando... vamos a retomar las peleas hasta septiembre”.