Por otro lado, la dimensión social es igualmente importante. En una ciudad que enfrenta desafíos de seguridad, la creación de espacios públicos seguros y atractivos donde las familias puedan congregarse es fundamental para fortalecer el tejido social. El bazar se convierte en un destino para el esparcimiento, un lugar para vivir el ambiente festivo y una alternativa a los centros comerciales cerrados.

Este tipo de iniciativas contribuyen a la revitalización del centro histórico, fomentan la vida comunitaria y generan una percepción positiva de la ciudad. El bazar demuestra que, a pesar de los problemas, existe una demanda ciudadana por actividades que promuevan la convivencia y la tradición.