Estos espacios fomentan la interacción cara a cara entre vecinos, algo que puede contrarrestar el aislamiento de la vida urbana moderna y los temores relacionados con la inseguridad.

Al reunir a familias y comerciantes cada fin de semana, el tianguis ayuda a construir capital social, es decir, las redes de confianza y cooperación que son esenciales para una comunidad resiliente. Es un ejemplo de cómo los ciudadanos pueden apropiarse del espacio público para generar dinámicas positivas que beneficien a todos.