El ataque perpetrado por gatilleros contra el casino Flamingo, ubicado en el cruce de los bulevares Emiliano Zapata y Manuel J. Clouthier, representa un acto de agresión descarado contra un negocio en una zona concurrida. De manera similar, el incendio de un vehículo en el fraccionamiento Portalegre, ocurrido frente a una institución educativa, provocó una fuerte preocupación entre padres de familia y residentes. Como respuesta, el Grupo Áltum emitió un comunicado exigiendo a las autoridades el esclarecimiento de los hechos y acompañamiento, expresando un temor generalizado: “Queremos que estos actos de vandalismo no pasen a ninguna escuela y a ningún negocio más en Sinaloa”. Ambos incidentes, aunque distintos en su naturaleza, contribuyen a un clima de inseguridad donde los espacios civiles se perciben como vulnerables.

La audacia de estos actos eleva la ansiedad pública y pone en duda la efectividad de las medidas de seguridad preventivas. La reacción del sector empresarial subraya una creciente impaciencia y la demanda de resultados tangibles que vayan más allá de la simple respuesta policial a los hechos consumados.