Estos últimos casos se suman a las estadísticas que han posicionado al estado y a su capital, Culiacán, en el centro de una crisis de seguridad.
El reporte sobre el cierre del año detalla que estas cuatro muertes estuvieron ligadas a hechos violentos.
Un dato relevante es que dos de las víctimas eran personas que ya se encontraban internadas en hospitales. Esto sugiere que fallecieron a consecuencia de heridas sufridas en ataques previos, lo que subraya las graves secuelas de la violencia que a menudo no se reflejan de inmediato en las cifras de homicidios del día del ataque. Estos últimos decesos del año actúan como un sombrío recordatorio del costo humano de la inseguridad que prevaleció durante todo 2025. Cada una de estas muertes contribuye a las alarmantes cifras anuales de homicidios y refuerza la urgencia de estrategias efectivas para contener la violencia que afecta a las comunidades en todo el estado, con especial intensidad en Culiacán. El informe, aunque breve, encapsula el trágico final de un año históricamente violento para la entidad.











