La crisis humanitaria en la Franja de Gaza ha alcanzado niveles catastróficos, con más de 400 muertes confirmadas por inanición y desnutrición, de las cuales 141 son niños. La ONU ha declarado oficialmente la hambruna en el norte del enclave, mientras el 90% de las infraestructuras han sido destruidas tras casi dos años de ofensiva israelí. El bloqueo a la ayuda humanitaria impuesto por el gobierno de Benjamín Netanyahu desde marzo ha sido el principal causante de esta tragedia. Las cifras del Ministerio de Salud en Gaza indican que el saldo total del conflicto supera los 64,650 muertos y 163,500 heridos.
La situación alimentaria es particularmente grave; un informe de la ONU confirmó la existencia de hambruna en la gobernación norte, y la OMS ha instado a Israel a detener la catástrofe, declarando que “el hambre de civiles como método de guerra es un crimen de guerra”. UNICEF reportó que más de 7,000 niños menores de cinco años han sido tratados por desnutrición aguda.
La portavoz Tess Ingram describió la situación con crudeza: “La historia es la misma: un plato al día, casi siempre lentejas o arroz, compartido en familia, con los padres saltándose la comida para que los niños puedan comer”. Además de la falta de alimentos, la destrucción es casi total, con pérdidas económicas estimadas en 68 mil millones de dólares. La violencia no cesa, con reportes de ataques aéreos que dejan decenas de muertos diariamente, incluyendo personas que intentaban conseguir alimentos en puntos de ayuda humanitaria.
En resumenLa combinación de una hambruna declarada, la destrucción generalizada de infraestructura y los continuos ataques militares ha creado un desastre humanitario sin precedentes en Gaza. La supervivencia de la población civil depende de una ayuda escasa, enfrentando la muerte tanto por los bombardeos como por la falta de alimentos.