Un ataque armado en una concurrida parada de autobús en Jerusalén Este ha dejado un saldo de seis personas muertas, entre ellas un ciudadano español, y más de una decena de heridos. El atentado, perpetrado por dos atacantes palestinos que fueron abatidos en el lugar, ha elevado la tensión en la ciudad y provocado llamados a la acción por parte de la cúpula política israelí. El ataque ocurrió el lunes por la mañana en el cruce de Ramot, cuando dos individuos abrieron fuego contra civiles que esperaban el transporte. La rápida reacción de un soldado y civiles armados presentes en el lugar neutralizó a los atacantes. El primer ministro Benjamín Netanyahu visitó la escena y declaró que Israel libra “una gran guerra contra el terrorismo en todos los frentes”. El movimiento Hamás celebró el ataque como una “respuesta natural a los crímenes de la ocupación”, aunque no lo reivindicó directamente. El incidente provocó reacciones contundentes de ministros de ultraderecha del gobierno israelí.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, hizo un llamado explícito a la población: “¡ármense!”, argumentando que “las armas salvan vidas”. Por su parte, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, fue más allá, afirmando que la Autoridad Palestina “debería desaparecer del mapa” y pidiendo que los pueblos de donde procedían los atacantes se parezcan a las ciudades devastadas de Gaza.
Estas declaraciones reflejan una profunda división y radicalización en la política interna israelí, en un momento de máxima tensión regional.
En resumenEl letal tiroteo en Jerusalén no solo subraya la persistente volatilidad en la ciudad, sino que también ha desencadenado repercusiones políticas inmediatas, con ministros de extrema derecha abogando por el armamento civil y medidas más duras, polarizando aún más un entorno ya de por sí tenso.