Esta acción diplomática subraya las complejas alianzas de Washington en Oriente Medio y su intento por gestionar las tensiones entre sus socios.

El decreto presidencial fue firmado el mismo día en que Trump recibió en la Casa Blanca al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Durante ese encuentro, se reportó que Trump forzó a Netanyahu a llamar a su homólogo catarí para disculparse por el ataque del 9 de septiembre. Dicha operación israelí, dirigida contra dirigentes de Hamás que participaban en negociaciones de paz sobre Gaza en Doha, provocó una fuerte indignación en el mundo árabe y musulmán, y resultó en la muerte de un miembro de las fuerzas de seguridad de Catar. La orden ejecutiva establece que cualquier ataque armado contra el territorio o la infraestructura crítica de Catar será considerado una amenaza a la seguridad de Estados Unidos, lo que activaría una respuesta que podría incluir medidas militares. Aunque no es un tratado formal, representa un importante compromiso de seguridad para Catar, un aliado estratégico que alberga la base aérea de Al Udeid, la mayor instalación militar estadounidense en la región. La medida se produce en un contexto de creciente aislamiento para Israel y busca reafirmar el papel de EE.UU. como garante de la estabilidad regional, equilibrando su apoyo a Israel con sus alianzas en el Golfo.