Las negociaciones para un alto al fuego en Gaza, mediadas por Estados Unidos bajo un plan del presidente Donald Trump, han entrado en una fase crítica. Ambas partes, Israel y Hamás, se encuentran en un complejo diálogo indirecto en Egipto, donde las condiciones para un cese de hostilidades y la liberación de rehenes definen el futuro inmediato del conflicto. El proceso diplomático, que tiene lugar en ciudades egipcias como El Cairo y Sharm el-Sheij, se centra en una propuesta estadounidense que contempla varias fases: un alto al fuego inmediato, la liberación de rehenes israelíes a cambio de prisioneros palestinos, el desarme de Hamás y la retirada progresiva de las tropas israelíes. La administración Trump, representada por su yerno Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff, ha ejercido una fuerte presión para acelerar un acuerdo, especialmente ante la proximidad del segundo aniversario del ataque del 7 de octubre.
Sin embargo, el diálogo está marcado por una profunda desconfianza.
El principal negociador de Hamás, Jalil Al Hayya, declaró que el movimiento exige "garantías del presidente Donald Trump y de los países patrocinadores" para asegurar el fin definitivo de la guerra. Al Hayya subrayó la falta de confianza en Israel, acusándolo de haber violado treguas anteriores. Por ello, Hamás condiciona cualquier avance a un compromiso verificable que incluya la retirada total de Israel y el fin del bloqueo. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aunque ha enviado delegaciones y se muestra dispuesto a negociar, ha calificado la respuesta parcial de Hamás como un "rechazo disfrazado" y mantiene que no firmará ningún acuerdo "hasta que Hamás renuncie a la violencia".
En resumenLas negociaciones para la paz en Gaza se encuentran en un punto de inflexión, impulsadas por la mediación estadounidense pero obstaculizadas por la desconfianza mutua y las demandas maximalistas. El éxito del plan de Trump depende de si se pueden ofrecer las garantías que Hamás exige y si Israel está dispuesto a comprometerse con un cese definitivo de las hostilidades, un escenario que sigue siendo incierto.